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Contaminación de la quebrada Olivares-Minitas proviene de Manizales

uebrada   Manizales, jul. 06 de 2015 - Agencia de Noticias UN- La aplicación de una metodología para valorar corrientes hídricas determinó que la mitad de la carga contaminante que recibe la quebrada Olivares-Minitas proviene de la zona urbana de Manizales, especialmente del alcantarillado y de algunas industrias.

La calidad del agua a esta altura es deficiente, pero se recupera levemente en el tramo cercano al municipio de Neira.

La valoración ambiental de una quebrada o río es el punto de partida para iniciar un proceso de restauración, que implica tratar que estos cauces recuperen sus condiciones naturales hasta donde sea posible.

Teniendo en cuenta esta idea, Jesica Ramírez Cardona, administradora ambiental de la Universidad Tecnológica de Pereira, propuso en su tesis de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo de la U.N., diseñar una metodología para valorar corrientes hídricas de la zona andina del país.

La idea es que se pueda aplicar en corrientes hídricas de similar magnitud en otras regiones, pero teniendo en cuenta las condiciones especiales de cada caso, como por ejemplo la ocupación histórica de la cuenca y los impactos de la urbanización.

Según la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, en 2010 se encontró que 480 municipios de Colombia contaban con algún sistema de tratamiento de aguas residuales, lo que significa que una gran cantidad de desechos terminan en los cauces sin ninguna clase de procesamiento.

Retomando análisis previos del profesor Freddy Leonardo Franco, director del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la Sede Manizales, la profesional empleó como caso de estudio la quebrada Olivares-Minitas del municipio, que en su parte alta sirve para abastecer al acueducto de la ciudad, pero que más adelante recibe las aguas residuales domésticas.

“Estados Unidos y Europa vienen trabajando en la restauración de ríos y quebradas desde hace unos 15 años. De hecho, se están generando metodologías para evaluarlas ambientalmente y saber con más precisión qué se debe mejorar. La restauración implica tratar de devolver estos cauces a un estado anterior, con mejor calidad ambiental”, afirma la investigadora.

Para el desarrollo de su trabajo tomó los referentes de España y Estados Unidos y los adaptó a Colombia. A partir de ahí se evaluaron las condiciones hidrológicas (calidad y cantidad de agua), geomorfológicas (formas del cauce y sedimentos), ecosistémicas (fauna y flora autóctona) y socioculturales (impacto de la urbanización).

Luego se inició una labor de recopilación de toda la información disponible en bibliotecas universitarias, Alcaldía y demás entidades. Luego se analizó para determinar el estado ambiental y proponer otros estudios que completen la valoración.

“En cuanto a geomorfología se necesitan más estudios, pero es evidente un desequilibrio respecto a los sedimentos. Como la quebrada ha tenido explotación artesanal de material, han surgido impactos sobre el cauce, el lecho y las orillas, que luego se ven reflejados más abajo porque la corriente necesita esos sedimentos; ahí es donde se dan los procesos de socavación y erosión”, indica Jesica Ramírez Cardona.

Respecto al ecosistema, hay una franja boscosa importante en la parte baja de la microcuenca y otra sección en la parte alta, con mucha presión por el uso de la ganadería, mientras en la parte urbana poco se conserva.

Otro ejercicio que se llevó a cabo en el estudio fue la revisión del plan de ordenamiento territorial (POT), en el que se encontró que se definió un corredor paralelo a la quebrada para recuperarla, lo que podría ser un buen inicio. Sin embargo, también se proyectó una zona de expansión urbana que queda justo en la parte alta de la cuenca.

“Esto implicaría que habrá más urbanización en esa zona, entones fuera de la presión que existe por la ganadería, vamos a tener más contaminación sobre la quebrada y eso no es coherente”, revela la profesional.

Finalmente agrega que se destaca el Plan de Saneamiento y Manejo de Vertimientos de Manizales, en el que se están construyendo colectores e interceptores de aguas residuales paralelos a la quebrada. Sin embargo falta que esas estructuras conduzcan a una planta de tratamiento, que aún no existe.

“Se requiere una alta inversión y unos estudios muy detallados, entonces se ha ido avanzando, pero todo está a largo plazo, por lo tanto la calidad del agua de la quebrada no la vamos a ver mejorada en muchos años”, concluye.

(Por:Fin/MDG/dmh/AC)

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