Las mujeres víctimas del desplazamiento forzado por el conflicto aún conservan sus saberes y tradiciones, kilómetros más allá del lugar donde nacieron y crecieron.
Esa fue una de las conclusiones de la investigación “Cuerpo como territorio: reexistencia de mujeres en condición de desplazamiento en Manizales”, adelantada por Alejandra Ramírez Robledo, del programa de Gestión Cultural y Comunicativa de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Manizales.
Para realizar este estudio, su autora trabajó con un grupo de 20 mujeres desplazadas que llegaron a la capital de Caldas desde el departamento del Chocó y el occidente de Caldas.
“La violencia hacia la mujer dentro del conflicto armado en Colombia se manifiesta a través de la violencia sexual, el empalamiento y en el despojo de su casa, territorio y familia. No obstante, muchas de ellas logran sobreponerse hasta alcanzar la reexistencia”, indicó la gestora cultural.
Justamente, ella logró identificar esa reexistencia en las mujeres que hicieron parte de los círculos de la palabra, metodología ancestral practicada por los indígenas latinoamericanos, que sirvió para escucharlas e interpretarlas a través de sus narraciones e, incluso, desde sus silencios.
Otro método de investigación incluyó el diseño personal de cartografías corporales, narrativa que como ejercicio de catarsis facilitó conocer sus relaciones con el pasado vivido, el presente como reexistencia y el futuro como posibilidad.
“Ambas metodologías les facilitaron conocer que el futuro es el conjunto de cosas buenas por vivir, demostrando una vez más que, pese a sus condiciones de víctimas, el dolor no las venció”, precisó Ramírez.
El estudio también descubrió que el cuerpo es el único territorio de donde no fueron desplazadas, es decir, es el lugar en donde pasa la experiencia.
“El cuerpo es el lugar que la desplazada no dejó y del que no ha sido sacada, es el lienzo por el que pincela la huella del desplazamiento y por donde camina la mirada del hoy”, describió la joven investigadora.
Las mujeres desplazadas que llegaron a vivir a la periferia de Manizales a partir de 2005, también vivieron la reivindicación de sus roles en la vida pública. Pasaron de ser amas de casa y campesinas sin autonomía económica, a emplearse como domésticas, vendedoras ambulantes o prostitutas. “Pasaron por un proceso de exclusión al lugar donde llegaron a vivir, en medio de una sociedad cerrada que no permite espacios de construcción de paz, porque es muy cómoda y se resiste a aceptarlos”, sostuvo la autora de la investigación.
El estudio, que comenzó en 2012 y culminó tres años después, hace parte de la Mesa Departamental y Municipal de Sexualidad e Identidades de Género, dentro de un proceso continuo que busca hacer visible la temática.
“Sobre el desplazamiento existen muchos estudios, pero la mayoría abordados desde sus causalidades hasta la recepción del lugar a donde llegan, pero que pasa más allá de las fallas políticas del gobierno”, argumentó la investigadora Ramírez Robledo.
La gestora cultural hizo parte del grupo Identidad y Cultura de la U.N., Sede Manizales y trabajó con comunidades vulnerables. Actualmente, integra el Semillero de Antropología y Violencia de la Universidad de Caldas.